La energía es la
capacidad para realizar trabajo. El hombre, para vivir, para llevar a
cabo todas sus funciones, necesita un aporte continuo de energía: para
el funcionamiento del corazón, del sistema nervioso, para realizar el
trabajo muscular, para desarrollar una actividad física, para los
procesos biosintéticos relacionados con el crecimiento, reproducción y
reparación de tejidos y también para mantener la temperatura corporal.
¿De dónde procede la energía?
Esta energía es
suministrada al organismo por los alimentos que comemos y se obtiene de
la oxidación de hidratos de carbono, grasas y proteínas. Se denomina
valor energético o calórico de un alimento a la cantidad de energía que
se produce cuando es totalmente oxidado o metabolizado para producir
dióxido de carbono y agua (y también urea en el caso de las proteínas).
En términos de kilocalorías, la oxidación de los alimentos en el
organismo tiene como valor medio el siguiente rendimiento:
| 1 g de grasa | 9 kcal/g |
| 1 g de proteína | 4 kcal/g |
| 1 g de hidratos de carbono | 3.75 kcal o 4 kcal/g |
Todos los alimentos son
potenciales fuentes de energía pero en cantidades variables según su
diferente contenido en macronutrientes (hidratos de carbono, grasas y
proteínas). Por ejemplo, los alimentos ricos en grasas son más calóricos
que aquellos constituidos principalmente por hidratos de carbono o
proteínas.
El alcohol, que no es un
nutriente, también produce energía metabólicamente utilizable -con un
rendimiento de 7 kcal/g- cuando se consume en cantidades moderadas
(menos de 30 g de etanol/día).
Vitaminas, minerales y agua no suministran
energía.
La unidad internacional
de energía es el Julio, pero habitualmente se mide en kilocalorías
(kcal) (1 kcal = 1000 calorías o 1 Caloría grande) o en kilojulios (kJ)
(1 kcal =
4.184
kJ).
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En términos energéticos, uno de los índices de calidad de la dieta más utilizados en la actualidad es el denominado
perfil calórico que se define como el aporte energético de
macronutrientes (proteínas, hidratos de carbono y lípidos) y alcohol
(cuando se consume) a la ingesta calórica total.
La dieta equilibrada,
prudente o saludable será aquella en la que la proteína total ingerida
aporte entre un 10 y un 15% de la energía total consumida; la grasa no
más del 30-35%, y el resto (>50%) proceda de los hidratos de carbono,
principalmente complejos. Si existe consumo de alcohol, su aporte
calórico no debe superar el 10% de las Calorías totales.
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